7 de junio de 2007

Alas de Albatros.

Desde mediados del mes de mayo de 2007, y de manera provisional, los contenidos de Alas de Albatros Redux dejaron de actualizarse. Aunque en ningún caso voy a dar de baja la página, por si en un futuro pudiera resultar de utilidad. A partir de ahora voy a gestionar y publicar únicamente en la bitácora orginal, para concentrar esfuerzos, ya que la nueva labor en una editorial, el lento y azaroso camino de mis creaciones literarias (sigo, despacio, con la novela y le he dado un buen espaldarazo al libro de relatos), y las obligaciones mundanas de la vida, al fin, me impiden prodigarme como quisiera.

La razón principal de Alas de Albatros Redux fue la comodidad de aquellos usuarios y lectores que pudieran tener algún tipo de problema con la descarga de la página original, pero como quiera que he pulido, simplificado y rediseñado dicha bitácora, creo que ahora es el momento de dirigir mis letras en esa única dirección, sin esta versión paralela y abreviada.

Agradezco sinceramente la atención prestada a todos los que intervinieron o leyeron en silencio, pido disculpas a quien pueda haberle ocasionado alguna molestia, y os espero a todos, con la misma ilusión de siempre, el mismo empeño, y la mayor entrega, en mi bitácora orginal, a la que os remito en este enlace:

Alas de Albatros



16 de mayo de 2007

Reciclarse o morir.

"El arte es inútil, pero el hombre
es incapaz de prescindir de lo inútil."

Eugene Ionesco



¿Puede evolucionarse eternamente? Los cambios obedecen a la supervivencia, la selectividad premia a los mejor adaptados, pero ¿quién marca la pauta ahora mismo para nuestra especie?, ¿quién condena la lentitud de la belleza y recompensa la inmediatez de la producción? Lo que ahora es una ventaja puede convertirse mañana en un handicap, y lo que otrora fue letal puede mañana salvarnos la vida. El mundo no es necesariamente mejor. Sólo “funciona” según las circunstancias actuales, acorde al medio y la plaga humana, ese absceso que, de momento, soporta el ecosistema. Del mismo modo que nadie vale lo mismo que aquello último que hizo, que lo nuevo no es siempre testimonio de lo mejor de una vida (cuantos genios malograron su obra con el último estertor abotargado en la vanidad), una sociedad no puede –la Historia humana no puede- juzgarse por el último escalón. Tal vez haya materias concretas en las que, tibiamente, comenzamos a aprobar, la democracia “teórica”, los derechos fundamentales (todavía privilegio y no condición, fuera del alcance de buena parte de nuestros semejantes), la mortandad infantil (antes democráticamente universal, hoy injustamente localizada) pero ni siquiera esos baremos son unívocos. Ecología, combustibles –años aferrados a un balde agujereado-, producción masiva de ocio anestésico y baldío. La relación de faltas, como la pereza de un inquilino indeseable, está comenzando a agrietar el edificio, a desconchar la pátina de seguridad que barniza las paredes. Simplemente somos más, pero no mejores, y las estrategias evolutivas cambian. Ya no hay que cazar a la carrera tras las presas, los animales salvajes un día serán una leyenda, la obesidad (consecuencia del sedentarismo ocioso), otro tipo génico, una involución más, etc., y por lo tanto, la competitividad, la rapidez, la efectividad (quirúrgica, ejecutora), ya no deberían ser las espuelas de la especie. Ya no hay páramo que conquistar a galope. Ya estamos todos, sentémonos, repartamos las provisiones, compartamos la cosecha, y dejemos la fusta para las espantadas del jinete alocado y sus hordas de acólitos, a ver si hay suerte, se parten la crisma en la próxima poza y dejan de armar jaleo y azuzar a las pobres bestias.
Igualmente, si mañana el planeta dijera basta, si se cerrasen las tapas del libro para siempre y cayera en manos de un dios marciano… ¿salvaría nuestra memoria por la penúltima hoja, por el epílogo reciente de Hitler, Hiroshima, el genocidio silencioso de África o la devastación desaforada a la que estamos sometiendo nuestra casa? Lo mismo sucede en el arte. ¿Quién puede decir que no estamos en decadencia, con el imperio infestado de plagas… con la virtud corrompida? Acaso nuestro cenit ya pasó, y nos vigila decepcionado desde algún lugar del pasado. ¿Quién subió un peldaño más que Mozart, Flaubert o Leonardo? Decidme, ¿quién alzó una escala de veras diferente, a la que encaramarse y señalar otra estrella en el firmamento del deseo? ¿Quién, sobre todo, armó una revolución para una causa en verdad justa y fraterna? Contádmelo, que ardo en deseos de dejar mi casa y unirme a la caravana, en pos del horizonte, de un hombre, de un arte, nuevos, sí, pero de raíces que se asienten en el telúrico fervor del corazón humano y ramas que acaricien el punto de fuga de todas las líneas que traza su inquietud.
En este instante, sólo se me ocurre apagar la luz, prender una vela, sentarme en el jergón y comenzar a meditar sobre el modo de ir desapareciendo, de hacer añicos las hieráticas estatuas que he erigido en mis peores ensoñaciones para la posteridad, y volver a la tierra como simple brizna de hierba que acaricia los pies descalzos de los nómadas. Tengo la imperiosa necesidad de traicionarme, de arrojar al fuego mi vanidad y mis quimeras, y serle útil a alguien de una buena vez. Y si no le llaman arte a lo que haga, poco importa, que eso no vendría más que a saciar la voracidad de mi soberbia, y aún podría distraerme, desatendiendo el fin último y cierto, arrobado en estériles espirales en torno a mi mugriento ombligo. Cuando lleguemos al final del camino no quiero que nadie pueda decirme que saqué demasiado provecho, que ocupé esta casa sin dejar algo a mi paso, que encajé los abrazos sin infinita gratitud y las manos sin un regalo honesto. Me gustaría, para ese día, haber logrado que nadie piense que fui listo ni erudito, ni siquiera brillante, si acaso, como mucho, un poquito limpio y sabio.

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23 de abril de 2007

Mi Día del Libro.

"Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido.
En el pensamiento y en el arte son abominables."

Ernesto Sábato


Dicen que la casualidad es el señuelo con el que la vida nos escatima alguna insondable verdad. Como si el azar fuese un extraño idioma con el que el destino nos susurra secretos que no somos capaces de traducir. Lo cierto es que no tengo ni idea, prefiero explorar el territorio virgen de la incertidumbre que instalarme en cualquier certeza con fecha de caducidad. De modo que, a pesar de que ésta es sólo una más de la increíble cadena de coincidencias que se han sucedido en mi vida en los últimos días, no tengo más remedio que tomarme el día de hoy como un augurio inmejorable.
Con su inevitable traza de mercadillo vulgar, de templo casi profanado, levantado a base de pilastras de libros de toda clase, recetarios de cocina de algún famoso, manuales de papiroflexia, panegíricos y biografías de prebostes y fulanas, novelones rancios, saldos, flecos, y cabareteras con mostacho firmando mamotretos, con todo eso, y a pesar de todo eso, hoy es un hermoso día. Hoy recuerdo –e imagino- esa Barcelona vestida de fiesta, en el día en que, como todos los años, parece haberse instalado un efímero gobierno de la poesía sobre las gentes y las cosas, y todo el mundo pasea con una rosa y un libro, como si salieran a la calle tiritando de primavera, con un cuchillo verde en la boca, llevados de la mano por un candor casi adolescente. Hoy respiro –y me inspira- el hálito fresco del jardín botánico, resbalando cuesta abajo, en el regreso de los libreros a la madrileña calle Moyano.

Hoy no hay sitio para otra cosa: es un día hermoso.

Tal vez, el día más importante de mi vida hasta hoy, si soy capaz de salir un poco de mí mismo y abarcar esa vida desde una distancia mayor, con un prisma casi trascendente. No viene a cuento ahora desgranar los detalles, las circunstancias, y mucho menos los nombres propios, que tiempo habrá para todo ello, y tiempo quiero dejaros para que disfrutéis de la ciudad, de vuestra ciudad, donde quiera que estéis. Así que lo diré sin rodeos: hoy, lunes, 23 de abril de 2007, he comenzado a trabajar en una editorial. Se trata de una editorial independiente, y por una vez, esta palabra cobra sentido, porque no hay ningún tutor al que rendir cuentas, ni crece a la sombra de ningún emporio, sino que apuesta decididamente por la literatura, cargada de fe, honestidad y deseo. Y eso lo hace todo aún más bello, porque una cosa es entrar en la plantilla de cualquier gran empresa, en la que sólo existen los balances de pagos y el libro es un producto, y otra muy distinta implicarse en un proyecto que, aparte de buscar su legítima viabilidad, contagia la pasión por la verdadera literatura, lejos de las modas y el oportunismo. Y lo que es aún mejor, que requiere un esfuerzo y una dedicación total, ya que en este lugar voy a tener que aprender absolutamente todos los pasos que llevan una obra desde la recepción de un manuscrito a las manos del lector, convertido en libro. Y como quiera que amo ese objeto, desde todos los puntos de vista, me emociona la posibilidad de participar en cada detalle de su creación.
Imagino que sólo habrá un día tan importante como este en un futuro, por el que no tengo ninguna prisa, porque prefiero llegar más sabio y más fuerte, sin la torpeza del principiante, pero con la ilusión intacta: el de la publicación de mi primera obra.

Sólo me queda desearos un feliz, y sobre todo, feraz Día del Libro a todos, que os cunda la cosecha, y agradeceros el apoyo, el afecto y los capones a todos los que de alguna manera seguís el vuelo del albatros. Y a los que habéis enviado esas toneladas de buenas vibraciones para que todo esto llegara a buen puerto.

A los que residís en Madrid os emplazo, para terminar, a tres citas para esta tarde, tres sugerencias más en esa inabarcable Noche de los libros que hoy tendrá lugar en la ciudad. Aprovechando que están bastante cerca unas de otras, voy a intentar estar en dos o tres "saraos", para encajar algunos abrazos y presentarme a ciertas personas. Os dejo los datos:

• Varios autores de Parábola de los talentos (Gens ediciones) participarán en la jornada de puertas abiertas de la Escuela de Escritores, a las 19h. Ver más información aquí.

• Mesa redonda sobre la tensión entre literatura y mercado, en la que intervendrá otro autor de Parábola de los talentos. Tendrá lugar a las 20h. en el Aula Magna del Instituto Europeo de Design (IED), situado en el Palacio de Altamira, en el número ocho de la calle Flor Alta.

• Jornada de puertas abiertas, talleres demostrativos, y multitud de actividades en Fuentetaja.

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8 de abril de 2007

Lo mejor de todo.

"Aunque los libros me lo dieron todo,
y comparecieron en ellos el mundo y lo invisible,
la vida fue siempre más grande que la literatura."

Diederik Schönblick


[*] Baja, que hay postre después del vídeo.

No me dejéis huerfanitas las palabras de la anterior entrada, "memes" aparte, sed buenos, ahora que vais retomando las posiciones de siempre en vuestras rutinas. Hay muchas cosas ahí que son importantes para mí, y no pude evitar volcarlas todas en el mismo arrebato. Voy a tardar un poco en publicar otras entradas, en poner un poco al día esta casa, y estar al tanto de vuestras andanzas, de hecho tenía pensado dejarlo todo como estaba por unos cuantos días. Tengo mucho que hacer, algunas sendas que desbrozar a machete y pluma, otras urgencias prosaicas que solventar y poco tiempo para todo, pero es que este impulso requiere ceñirse a la fecha de hoy.

De entre toda la paja, todo lo prescindible y todos los errores, no sé qué es lo más útil, lo más bello, lo más lúcido o lo más valioso de todo lo que he hecho en casi tres años de Alas de Albatros (falta poco más de un mes para cumplirlos). Pero estoy absolutamente seguro de qué es lo mejor que me ha dado (y me dará) esta aventura, más allá de lo aprehendido y de lo previsto: un puñado de amigos, de los ciertos, de los que permanecen, de los que reconfortan al nómada, hombro con hombro, o aun en la distancia. Hoy quiero homenajearlos a todos (bien saben quiénes son los que cuentan con mi afecto inquebrantable) a través de uno muy querido, y de paso desnudarme un poquito más, supongo, poniéndole mirada y acento al albatros. Y aunque sea con una nueva "versión del director" de una vieja película, me reafirmo en ella, puesto que aún se da la misma espera y la misma corriente fraterna.

Feliz cumpleaños, querido Fénix, allá donde estés. Que sepas que se te extraña y que aún prenden en muchos los rescoldos de tus hogueras.



[*] Postre del menú, a 12 de abril:

Como dije arriba, voy a concentrarme durante un tiempo en esos otros textos, esas ficciones en las que ahora vuelco mi esfuerzo. La dichosa novela me está saliendo respondona, una hija rebelde, a la que quiero incondicionalmente, claro, pero tarda tanto en madurar que ya me está cayendo gorda. Creo que voy a mandarla por un tiempo a un internado para que me deje retozar en paz con mis nuevas amantes: las poéticas del cuento. Así que ahora también desdoblo mi deseo literario en varios relatos, de toda índole: delirantes, cilíndricos, afilados, cenagosos, espartanos (por lo irreductible, aunque se acicalen como persas) y, sobre todo, transidos de algunas influencias que espero, que ansío, que suplico merecer. Tangencialmente, sigo preparando unas cuantas reseñas o, prefiero decirlo así, impresiones, que me han dejado los últimos libros que he leído (cuentos, novelas, ensayos -la poesía se ha despeñado por los acantilados del verso, cualquier día bajaré al rompiente a rescatarla-), y también algunos proyectos o eventos que se han cruzado en mi camino, como el breve pero fructífero encuentro de ayer con Belén Gopegui en La Casa Encendida.
Insisto en esto para tratar de explicarme, y es que a pesar de la vocación literaria de esta bitácora (desde que comenzó su tercera temporada, porque antes no sé lo que era...), creo que me he tomado alguna que otra licencia en varias entradas. Algún que otro desliz, tal vez fuera de lugar, pensaba, pero ahora comprendo el motivo: como le dejo toda la ficción a esos otros textos, todo lo que rebosa de esos vasos comunicantes, cualquier cosa de la vida o la literatura -no es que separe, sólo anoto- que me subleve o me conmueva y no quepa en esos trabajos (me incomodan las novelas-vertedero que justifican cualquier digresión gratuita, cualquier intromisión del autor que no puede evitar relamerse el ego y subirse a la grupa del narrador), acaba llegando aquí, y se derrama en estas alas. Por eso, y sólo por eso, los desmanes y de vez en cuando lo personal. Y por suerte, no todo, porque, en el ámbito privado, últimamente sólo escribo cartas de hastío y desengaño, heridas y ausencias por las que respira aquello en lo que se ha convertido mi deseo vital: una presa a punto de reventar. Y, francamente, aburrir al otro (lo siento por los voyeurs) con cuitas materiales, existenciales y, con mayor dolo, amorosas, es siempre una falta imperdonable. Pero que no canten victoria mis sufridores adversarios, seguiré estando al tanto, al acecho, más pendiente de vuestras páginas, en una palabra: presente. Tal vez sea un buen momento para que echéis la vista atrás, si os apetece, y leáis algunas entradas que tal vez por falta de tiempo, tal vez por mi verborrea incurable, se os hicieron demasiado largas en su día. ¡Recordad mi invitación para añadir algún que otro fogonazo a "Me dicen que dije" y "De otros blogs"! Como testigo de mi merodeo por estos pagos, he dejado ese "post-it" ahí arriba [*], para iros dejando algún que otro recadito en la nevera.

Un fuerte abrazo para todos, los leales, los ocasionales y los recién llegados. Estas alas seguirán batiendo para todos.

[*] Sólo en la versión original, me temo.

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4 de abril de 2007

De oficio.

Apuntes previos: un blues en dueto de saxo y bajo, una partida de cartas, un sesgo de cólera y paso de mano con pareja de ases.

• Esta tarde la ciudad se quedará un poco más sola, y yo con ella, mientras legiones en desbandada se van coagulando a lo largo de las venas de asfalto del país. Trombosis excéntrica en pos de las orillas. Y ahora que las calles y yo podremos vernos las caras sin maquillaje, sin el tumulto, a las bibliotecas y las casas encendidas no se les ocurre otra cosa que cerrar. De modo que, salvo imprevistos, el albatros hará vacaciones forzadas y mantendrá el pico sellado (a lo mejor por eso hoy deja ración doble). Aprovecharé para quedar con un par de amigos, de los viejos y de los nuevos, pero todos de esa estirpe de camaradas indispensables que se quedan a tocar con la banda mientras el Titanic hace aguas. Adelantaré trabajo, seguiré buscándole una carga de profundidad a los tres cuentos que voy armando al tiempo (Bolaño tenía razón). Leeré mucho. Quizá me masturbe, hace tiempo que ya no me divierte, hace mucho que ya sólo me excitan alucinaciones lamentables de amor y entrega, en fin, milagrerías tan improbables como la causalidad, la magia y otras chiquilladas. He vuelto a ser, justo ahora que la edad demanda cinismo, un estúpido adolescente que delira con el advenimiento de alguna musa a la altura de sus atroces pasiones, a salvo del tedio general. Tal vez uno de estos días madrugue para evitar procesiones y otras inercias, y me deslice por las aceras, brillantes y agotadas por el sudor de la lluvia, como quien hurga entre las sábanas para saborear la espalda de una prostituta dormida, cuando sus párpados guardan el secreto de su verdadero nombre y por la candidez despreocupada de sus labios vuelve a respirar una mujer. Así, más o menos, pasaré mi santa semana: tirando folios a la papelera, tirándome de cabeza a una alberca de papeles, o besando la nuca desprevenida de Madrid, la más amable de las putas.

• Antes de cumplir con lo pendiente, ese correo del que hablaba el otro día, un guiño para algunos amigos de esta bitácora: un meme literario. Este es arbitrario e inasible a más no poder, pero no me paro a pensarlo demasiado, simplemente me hace gracia y acepto el testigo. Me lo hace llegar el Sr.Curri, desde su exilio voluntario en las galias. Tal como se lo han transmitido, se supone que hay que abrir el libro que estemos leyendo por la página 139 y transcribir en nuestra bitácora las cinco primeras líneas del segundo párrafo. Luego hay que invitar a tres "blogueros" más a continuar el juego, que a su vez invitarán a otros tres... hasta que llenemos la "blogosfera" de retales que, en el mejor de los casos, quiero pensar, llevarán a algún lector a decidirse por una nueva lectura (desengañémonos, eso es lo más útil que podemos hacer con nuestras iniciativas, contagiarle algún buen libro a otros).
¿Por qué la 139 y no otra? ¿Por qué el segundo párrafo? Misterios, pero cuando te decides a jugar no te preguntas tanto por las reglas. A propósito, o sin venir a cuento, me da igual, pero me hastía esta proliferación interminable de críticos de pacotilla, en los medios, en los suplementos, en las bitácoras, tanto da. Detesto a los cascarrabias que hacen leña de cualquier astilla, a toda esa panda de usureros con gorro de astracán o toga de chupatintas, que sancionan esto y aquello pero nunca se deciden a aportar nada de cosecha propia. Y lo que es peor, cuando asoman tímidamente la patita, espoleados por algunos colegas, achispados por la ebriedad que da esa poltrona que algún tendero haya considerado otorgarles, es para mancharnos la vista con una escritura tosca, ramplona y gratuita, que no deja tras de sí más que el rastro embarrado de una pezuña amaestrada. Puedes encontrarte a individuos de esa calaña en cualquier ámbito, en las aulas, las fábricas, los comercios, en cualquier oficina, siempre hay algún miserable dispuesto a fastidiarnos el día y hostigarnos las costillas con los codazos de su pedante gravedad, pero, ay, camaradas, qué insufrible es la plaga de sapos avaros en este mundillo de las letras. Hoy en día SÍ hay libros y bitácoras que valen la pena, SÍ hay iniciativas desinteresadas y fecundas, personas que, con mayor o menor acierto, pero con toda la honestidad, se exponen, arriesgan, apuestan... pero esta otra gente se ha caído de la higuera y el golpe en la cabeza les ha hecho creerse sabios, cuando su único mérito, tal vez, es haber hincado los codos y papado tantos higos como les diera abasto el buche, lo que no significa en absoluto haber sabido apreciar el jugo de la vida en cada fruto. En fin, esas malas hierbas (bien sabéis que la higuera es un árbol parásito que asfixia al huésped) son para otro día, cuando venga a desbrozar nuestro jardín.
Ahora sigamos con la partida. Espero que se animen y no robarle demasiado tiempo a los anfitriones de las tres bitácoras a las que (I'm sorry, my friends) cedo el testigo de este divertimento: Callecitas estrechas, El blog de Enrique Ortiz y Frag-mentos. Como es mi costumbre, estoy leyendo dos libros al alimón, así que me tomo la libertad de hacer dos transcripciones. En el primer caso, el segundo párrafo no aparece hasta la página siguiente, no sé si eso será fuera de juego, pero como los jueces de línea, interpretaremos la jugada:

"De pequeño, cuando me preguntaban: "Y tú, guapo, ¿qué quieres ser cuando seas mayor?", contestaba: "Depravado". Y he dedicado todos los esfuerzos de mi vida a intentar conseguirlo. A mi generación (más bien tendríamos que llamarla degeneración: hemos sido una generación afortunadamente degenerada) le..."
Ochenta y seis cuentos, Quim Monzó.

"-No, muchas gracias. Para mí una mujer es sólo un mamífero inofensivo, o un camarada de diversión..., a veces.
Albinus soltó una carcajada.
-Bueno... pues ya que es usted tan franco al respecto, permítame que a mi vez le confiese algo. Esa actriz, Karenina..."
Risa en la oscuridad, Vladimir Nabokov.

Se diría que uno y otro se confabularon para recordarme el cinismo en el que deberían estar instaladas mis expectativas, o la ausencia de las mismas, pero la obstinación es uno de mis peores defectos. Prefiero la sed y la espera a hundir la cabeza en el agua estancada del conformismo. Así me va.

• Y ahora, por fin, lo prometido, lo que debería haber sido esta entrada:

De oficio.


"Una mujer es más bella que el mundo en que vivo".
Paul Éluard.


Deberían existir las musas de oficio, para la defensa de cualquier acusado de lirismo y otras perversiones que se declare insolvente. Debería uno poder enfrentarse a la noche sabiendo que en alguna parte, provista de material poético y ataviada con la preceptiva bata blanca para la intervención erótica, una musa de guardia vela las veinticinco horas del día.
Remito a la entrada anterior para que todo esto resulte mínimamente inteligible. Pero digamos de nuevo que estoy escribiendo muchas cosas a la vez, y que de repente me acordé de este correo electrónico, mientras preparaba un par de textos para retomar la sección Musas y trataba de responder a la pregunta de un amigo sobre el tema. El apartado de Maestros lo tengo muy abandonado, tal vez por estar leyendo a gente nueva, buscando, indagando, sondeando el presente. Como es de recibo, respetaré la privacidad de la remitente (espero que no le importe que haya utilizado su breve mensaje para dar sentido a mi desvarío). De nuevo he decidido dejarlo todo como estaba, con sus erratas, que tienen su gracia, ya que donde dice "semejan hacer", por ejemplo, quise escribir "se dejan hacer", pero, por una vez, el corrector del Word o el lapsus mejoraron la cosa.

Pasadlo bien. A la vuelta os quiero a todos en perfecto estado de revista.



Fecha:
De:
Asunto:
Para:
Mon, 26 Feb 2007 16:22:17 +01 00 (CET)
"Sergi Bellver" alasdealbatros@yahoo.es
RE: Musa
*****@hotmail.com



>From: ***** <*****@hotmail.com>
>To: alasdealbatros@yahoo.es
>Subject: Musa
>Date: Thu, 22 Feb 2007 11:22:17 +0100 (CET)
>
>Yo puedo ser tu musa venezolana, hace días leí
>que había quien pagaba por una novia virtual, pues,
>fíjate, no había pensado que también había nicho
>para musas virtuales...
>Vivo en Madrid donde ser musa resulta demodé, pero
>de vez en cuando entro en personake y lo sigo
>disfrutando como cuando el sol del caribe me
>quemaba los hombros.
>También estoy muy lejos del mar, por ahora,
>un abrazo, *****

>______________________________________________
>LLama Gratis a cualquier PC del Mundo.
>Llamadas a fijos y móviles desde 1 céntimo por minuto.
>http://es.voice.yahoo.com


Difícil tarea...

Ante todo, *****, agradecerte el impulso. Que haya gente capaz aún de ser fiel a su primer arranque y no lo ahogue en dudas, me reconforta. De vez en cuando sucede, y te encuentras con las mayores sorpresas en la bandeja de entrada, y de repente, por ejemplo, te escriben de parte de un señor mayor que quiere regalarte un ordenador porque sabe que te hace falta y no tienes recursos, y se ha enterado de que proyectas una novela y le gusta cómo escribes... sí, a veces (de esto ya hace un tiempo) la vida te zarandea y te dice que todo es posible. Así que gracias por la frescura de tu mensaje.

Pero lo de ser musa no es cualquier cosa, he de ser sincero contigo. Para empezar, no es nada frecuente decidirlo, quiero decir, que una musa no hace oposiciones, simplemente llega un bardo chiflado y la elige, y ni siquiera esto es del todo cierto, porque la elección es aparente. Digamos que todo sucede sin intervención de la voluntad. Las musas caminan por las aceras, suspiran cansancio en los vagones, sujetan la puerta del ascensor con el culo mientras desalojan las bolsas de la compra, o flotan entre los árboles del parque. Sin más. A menudo sin saber que lo son. Y de pronto se cruzan en el camino de un artista y el accidente es ya inevitable. Eso sí, hay musas que colaboran, que cobran conciencia de su condición, y escuchan, y semejan hacer. Y otras, a menudo, ignoran la llamarada y se la quitan de encima con cualquier gesto huraño. Es un misterio.

Yo nunca he elegido una musa, sólo me las he encontrado por el camino, y casi siempre de la manera más insospechada. A veces se produjo el entendimiento, hablamos el mismo idioma, y pude volcar mi inspiración ante sus pies. Otras muchas llovió sobre la piedra estéril de su indiferencia. Así son las cosas.

Dicho todo esto, con el ánimo de ser honesto contigo, agradezco tu sensibilidad por pensar siquiera que mis letras merecen la atención. En cuanto a la posibilidad que sugieres, te diré que una vez, hace cuatro años, encontré una musa de Puerto Ordaz, en tu país. Fue un fogonazo del que aún duran los destellos, aunque con el tiempo se haya convertido en una amistad leal, en una presencia constante en el afecto. Lo inaudito. Empieza uno por el tejado y acaba obviando esa fantasía para disfrutar de algo más real y humano, más necesario para el hombre mortal: una amiga.

Pero la pequeña chispa de lo inmortal que aún nos habita, y que supongo que en los artistas (¿lo soy? aún no estoy seguro) es una pavesa que jamás toca el suelo, que siempre gira y gira en el aire para que la persigas, sigue pidiendo el alimento no terrenal de una musa. Por eso contesto así, encendido y reflexivo a la vez, porque una musa, definitivamente, es algo bien caro de encontrar, una rareza maravillosa que siempre le da alas al poeta, y campo abierto al deseo. No puedo definir cómo es mi musa ideal, porque todas las que aparecieron (pocas) antes eran en muchas cosas diferentes, y en algunos matices la repetición del mismo deslumbramiento, como olas del mismo mar que aparecen de un color u otro según la luz del día. Sólo sé que no eran comunes, que aunque no fueran perfectas, aunque pasaran desapercibidas en algún momento, no eran en absoluto comunes. Había mucho más que belleza (y la había por doquier, esto es innegociable) en sus formas y sus gestos, en el reflejo de la vida sobre sus dunas, en la llama de lo imperecedero en el fondo de sus ojos. Había, sobre todo, una mirada atenta y una actitud desinteresada, generosa, en su manera de escuchar.

Para la amistad soy un tipo tolerante y sencillo, y todos mis amigos son diversos, opuestos en apariencia a veces, de toda índole y condición, de cualquier tribu, descalzos o distinguidos. Sólo tienen en común la sinceridad, la generosidad, y la inteligencia. A una musa le pido más aún, demasiado tal vez, pero, belleza aparte, también esas tres virtudes. Incluso algún pecado inconfesable que la haga más oscura y peligrosa, si hace falta. Una santa me sirve de bien poco, y además no me la creo. De modo que no es fácil encontrar una musa. Si uno se conformara con cualquiera, no harían falta musas, podría inspirarse en cualquier cosa, en cualquier persona, en tu amigo, en tu vecino, en el gato de la anciana del quinto. Y de hecho, trato de hacerlo, porque no puedo pasarme la vida esperando a mi musa, y la sed me reclama siempre que escriba.

Estar lejos del mar, estimada desconocida, es sin duda un exilio amargo para los que hemos nacido con su sal en las venas.

Un abrazo muy fuerte.

Sergi.

Pd: ¿Querías decir “personaje” o hay algún local en la ciudad que se llama “personake” y yo me lo he perdido...? Por un momento parecía una invitación soslayada a hacerse el encontradizo por cualquier bar...


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30 de marzo de 2007

Temo, pero debo.

“Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, Nadie. Sólo hay un recurso: vuelva sobre sí mismo. Indague cuál es la causa que lo mueve a escribir; examine si ella expande sus raíces en lo más profundo de su corazón. Confiésese a usted mismo si moriría, en el supuesto caso de que le fuera vedado escribir. Ante todo, pregúntese en la más silente hora de la noche: “¿Debo escribir?”. Hurgue dentro de sí en procura de una profunda respuesta y, si esta resulta afirmativa, si puede afrontar tan serio interrogante con un fuerte y simple “debo”, entonces construya su vida según esta necesidad. Su vida, hasta en los más vacíos e insignificantes momentos debe convertirse en señal y testimonio de este impulso.”

Rainer Mª Rilke, Cartas a un joven poeta.


Se habla mucho del miedo del escritor a la página en blanco, al bloqueo. Pero a veces sucede lo contrario, y las hojas se arremolinan en todas las aceras por las que se apresura el escritor desaforado. Y la hojarasca se amontona al pie de las tapias, en las bocas de los desagües, en el primer escalón de todas las puertas. La hiedra zombie trepa por las piernas del escritor desmesurado y dificulta su avance como si fuera el último trozo de carne viva en la ciudad, y una inundación de pasta de papel, verdosa y caníbal, le hubiera atrapado hasta la cintura. Entonces, en vez de golpearse la frente con las manos o gritar auxilio, el escritor desorbitado busca un retal de hoja todavía seca, un pedazo de pared blanca, y entregado al delirio incurable de la escritura febril, deja que la crecida le vapulee el pulso mientras garabatea la última frase, un instante antes de ahogarse.
Hay escritores que temen derramarse sobre todas las cosas, diluirse como una llovizna fría por las calles, a los que les angustia no achicar a tiempo todas las vías de agua que amenazan desde el abismo de sus entrañas, y hoja tras hoja, tras hoja, tras hoja, comienza a adueñarse de ellos el indescriptible horror de ver cómo todos los esquemas, todos los árboles, se quedan en blanco, desposeídos, mudos. El miedo atroz a que, de tanto decir, cuando ya no quede nada con vida del presente, vengan los forasteros de mañana a pasear entre las ruinas de una ciudad cementerio, de una arboleda muerta, una catedral de ramas secas que no conserve ni el eco de una voz desolada, ni el canto de los pájaros azules, sobre la que no se pose más que el plumón de sombra de marzo.
No alcanzo a ver la suerte ni el privilegio. Vive más feliz el ganado en su abrevadero, que el centauro desquiciado, que se abandona a su naturaleza y galopa por las noches detrás de las tormentas, hasta el fragor de los acantilados. No hay más que sufrimiento en la criatura imposible que subsiste a base de lluvia y mareas. Tener la necesidad de escribir a todas horas, de tramar novelas, de esbozar cuentos, de reprimir poemas, de arrojar cartas, sondas, balizas de palabras, es una condena, que nadie os venda la bohemia, es un estigma, y no sé quién ni cómo, pero en alguna parte debería decirse alguna cosa al respecto.

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De cómo suceden estas destemplanzas: un amigo me pregunta, ya que hablo tan arrobado a veces de ellas, qué es una musa para mí, y yo le respondo atropelladamente, sin aclararme a mí mismo las ideas, con lo que desoriento a mi amigo aún más de lo que estaba. Después recuerdo un correo electrónico que respondí hace poco más de un mes, y que, utilizando las palabras de un tipo más lúcido del que soy este viernes, el inquilino que habitaba hasta hace días mi carcasa, responde bastante mejor a esa pregunta. No la finiquita, claro, hay mil flecos, mil detalles, y sobre todo dos o tres pilares que no ha mencionado, pero me doy cuenta de que ese mismo correo (que iba dirigido a otra persona) le puede servir a mi amigo para hacerse una idea de lo que tengo en mente cuando hablo de musas.
Bien, dejo el cuento sobre osos pardos en Montmârtre (o por ahí) que tengo entre manos, dejo ese jodido capítulo, o mejor dicho, escena, de la novela que tanto se me está resistiendo, dejo una reseña que tengo a medias sobre un libro de cuentos, dejo todas las versiones del currículum en las que voy cambiando las mentiras para conseguir un trabajo en esta ciudad, o en mi ciudad natal, o en otra ciudad cualquiera (se aceptan propuestas) en la que volver a nacer a mis años, dejo aquella carta incendiaria para, precisamente, una de esas musas, y decido que no estaría mal, respetando la privacidad de terceros, por supuesto, publicar el correo electrónico en la bitácora, para explicarle vagamente el asunto a unos cuantos amigos además de a mi amigo.
Después pienso en un breve (maldito iluso) preámbulo explicativo para que la gente no piense que se le ha colado cualquier cosa rara en la pantalla, o le ha dado sin querer a la tecla del correo-e, pienso también en hablar de las muchas cosas que estoy haciendo a la vez y que por eso, y por “ahorrarme algo de tiempo” (ya lo veo, ya) recurro a unas palabras (una respuesta para uno de esos correos de gente desconocida que de vez en cuando me llegan a la bandeja de entrada, a veces por rubor de comentar al albatros en público, a veces con cualquier pretexto, una duda, un dato) ya pasadas para contar algo y, en cosa de una hora, me sale “eso” que habéis podido leer arriba. Decido no corregirlo, decido incluso dejar frases ya algo sobadas en mí, como esa de las tormentas y los acantilados.
Nada que ver, supongo, o todo, yo qué sé. Me hierven las tripas y la mente cabalga el rayo, y lo inaudito es que no estoy pensando en lo que debiera en estos tiempos: que tengo que despabilar en buscarme la vida, porque no tengo donde caerme muerto. En fin, después recuerdo súbitamente un fragmento de esas cartas de Rilke, me cuadra el título, y dejo ese correo electrónico para el próximo día. Necesito un buen maestro que me enseñe a sintetizar, o a priorizar, más bien, supongo... ¡y yo qué sé!

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posdata: Hacedme el favor, si os apasionan los cuentos, de pasaros por aquí, leer las indicaciones y votar. A poco que la literatura os importe, prometo que no saldréis decepcionados.

Y echadle un ojo ahí a la derecha, en "Sugerencias", donde la mosca, vaya, a la entrevista de Ángel Zapata a Medardo Fraile. Y decidme si no han pergeñado un microcuento, probablemente sin proponérselo, a propósito de los guisantes. Vaya dos admirables bribonazos.

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28 de marzo de 2007

Logística.

Lo más probable es que esta entrada, entre informativa y utilitaria, vaya a estar disponible por un período de tiempo reducido, y que sea eliminada cuando publique el siguiente texto, dentro de unos días. Aprovecho la ocasión para comunicaros algunas cosas, de las que espero que toméis nota:
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• En su bitácora, Miguel Ángel Muñoz nos propone a los amantes del cuento, a los lectores que consideramos ese arte literario tan importante como la novela o la poesía, una votación. Se trata de elegir los cinco mejores libros de cuentos de los últimos veinticinco años en cualquier idioma, y, para darle más dignidad y lustre al tema, se supone que debemos votar por libros que demostremos haber leído, vamos, eso que raramente hacen los tribunales de críticos y académicos que de vez en cuando eligen la mejor novela del año, o las cien novelas del siglo… o el novelón del milenio. Yo, que aún estoy pensándome los votos, ya se lo he hecho saber a un par de buenos cuentistas, por si se animan, y ahora os traslado a vosotros la invitación. Podéis encontrar todos los detalles en esta entrada (leer las indicaciones antes de votar) del autor almeriense: El síndrome Chéjov.
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• Esta “blogosfera” se obstina en quitarle la razón, día a día, a todos aquellos que piensan que la literatura es algo vetusto y enmohecido que apenas interesa a los jóvenes, que la gente pasa de los libros y todos estos letraheridos no somos más que una panda de “freaks”. La verdad es que, más o menos acertadas, con mayor o menor talento, la red está repleta (saturada incluso) de bitácoras de personas que desean compartir sus letras con los demás, desinteresadamente, o cuanto menos, sin aspiraciones materiales de por medio. Antaño toda esa actividad quedaba silenciada, como un rumor latente y soterrado, por la privacidad de los diarios, la indecisión de los manuscritos encerrados en un cajón, la marginalidad de ciertas iniciativas y, sobre todo, por la dificultad de poner en contacto a creadores y lectores alternativos. Las estrategias editoriales tradicionales no siempre son perjudiciales para la literatura, a menudo la lastran con infinidad de títulos completamente prescindibles, pero bien es cierto que también hacen una criba imperiosa de muchos otros infumables que jamás verán la luz (lástima que se cuelen tantos). El caso es que hoy en día, gracias a la red, no sólo podemos ser “escritores” y lectores, sino que, en cierto modo, también nos convertimos en editores, al descubrir, ensalzar y promover la obra de alguna bitácora en concreto que nos haya llamado la atención. El tiempo, los lectores, y sobre todo, la calidad de las propuestas, van poniendo a cada uno en su lugar, pero lo que perdemos en “ubicuidad” (es absolutamente imposible seguir la pista de todo lo que se escribe y a veces es obligado renunciar) lo ganamos en libertad (ya no estamos ceñidos al “criterio” de las editoriales para disfrutar de un texto). En fin, esta reflexión viene a cuento por la cantidad ingente de iniciativas que se suceden en torno a las letras en la red. Y hoy quiero señalar una en particular, que ha echado a andar no hace demasiado:

• Paisajes literarios.


Se trata de una comunidad literaria, por llamarla de algún modo, en la que autores y lectores anónimos (de facto) comparten sus textos y opiniones, sin pedanterías de por medio. Últimamente hay tantos aspirantes a crítico por la red, tantos espacios privados de opinión sobre terceros y ausentes, que se agradece un poco de creatividad y riesgo en una página. Por carecer de ese mismo don de la ubicuidad, y aunque una buena amiga me ha invitado a participar, creo que no me será posible, ya que, debido a mi escasez de medios, a duras penas me arreglo con el albatros y la lectura (atenta y pausada, eso sí, la única honesta y fértil) de seis o siete de vuestras bitácoras a la semana (no siempre las mismas, claro, digamos que voy "rotando"). Ganas no me faltan, pero tal vez alguno de vosotros sí tenga además el tiempo y los medios para colaborar en este proyecto.
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• Preparo dos nuevas secciones para las dos barras laterales de esta página y me gustaría pediros una pequeña ayuda. Tardaré un poco en publicarlas (una vez visibles se irán actualizando) porque pretendo hacer yo mismo la mayor parte del trabajo, pero si me podéis echar una mano, os lo agradeceré de veras. No es complicado, sólo, tal vez, pesado. Hay que hacer un poco de memoria, o desandar un trecho del camino. Las dos secciones se llamarán "Me dicen que dije" y "De otros blogs". En la primera colgaré frases de mis entradas (contando desde el principio, desde mayo del 2004 en la anterior bitácora) o incluso de comentarios que yo haya dejado en vuestros espacios, y que, y he ahí la "gracia" del asunto, por alguna razón se os hayan quedado en mente, os hayan gustado, llegado, calado, o como queramos llamarlo. Así que si os viene al recuerdo alguna frase, o la buscáis, la dejáis en una huella, o me la mandáis al correo, señalando, eso sí, la entrada o fecha en la que fue publicada. Respecto a "De otros blogs", es justo en sentido opuesto, y recuperará frases especialmente lúcidas o potentes que vosotros hayáis escrito alguna vez en vuestra página o en vuestras huellas aquí. Eso me toca a mí, supongo, pero tal vez me señaléis las de terceros, o alguna vuestra (¿para qué modestias?) que conservéis fresca en el tintero. En fin, me huele a que pasará como con los haiku, que sólo se animó una amiga... pero por probar no perdemos nada. La idea es que otros también lleguen a vuestras páginas por el anzuelo honesto de una frase, así de sencillo.
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• Después de recordaros que un par de veces por semana reviso todos los enlaces, y que entre ellos hay novedades y alguna que otra sorpresa, os comunico que a partir de este momento se encuentra disponible una nueva versión de esta página:

• Alas de Albatros en Windows Live Spaces.


Todavía se halla en proceso de “construcción”, mientras ordeno un poco la nueva casa y desempolvo los muebles. Pero no es una mudanza, en absoluto, porque esta bitácora, tal y como la podéis ver ahora, va a seguir siendo siempre la isla madre del albatros. Aquí seguirán apareciendo todas las entradas y actualizándose los contenidos. En realidad, me gustaría disponer sólo de esta bitácora, de la versión original, y ahorrarme trabajo, pero así como en su día tuve que inaugurar la versión Alas de Albatros Redux para quienes tenían dificultades de descarga con ésta, fueran o no usuarios de Blogger, creo que ahora es un buen momento para ampliar horizontes. Me he encontrado en los últimos meses con muchos problemas para comentar en las páginas de algunos usuarios de Windows Live Spaces (anteriormente MSN Spaces), sobre todo en las de tres buenas amigas. También me consta que a algunos de esos usuarios les resulta a veces complicado acceder a esta bitácora. Así que desde ahora, con la nueva página (nueva versión de la misma de siempre), creo que he solucionado todas esas incomodidades. En lo sucesivo, aparecerán en ella los textos íntegros de todas las entradas, así como una breve selección de las anteriores. Aún estoy sopesando si volcar también vuestras huellas allí. El caso es que toda esta “dispersión” no es tal, sino una difusión. Si buscara la estadística, trataría de cumplir aquel "decálogo del perfecto blogadicto", en vez de dividir a los visitantes en tres páginas. Pero lo que me importa no es lo que digan los buscadores o los contadores, ni encaramarme unos peldaños más arriba en las listas. Lo que de veras deseo es que quien quiera leerme pueda hacerlo como le resulte más cómodo, y que lo que quiero comunicar le llegue (en todos los sentidos) con mayor facilidad. Podría decir alguien que si lo importante es eso, por qué no tengo una simple bitácora sin dibujitos ni historias, y listo. Pero es que en su día dejé mis primeras Alas de Albatros en Ya.com por dos motivos: abandonar aquella especie de diario emocional para concentrarme sólo en lo literario, y hacerlo desde un diseño que pudiera controlar totalmente, posibilidad que hasta hoy sólo me ha ofrecido el lenguaje HTML con el viejo sistema de plantillas de Blogger (el actual es excelente como tutorial para quien no quiera complicarse la vida). El continente también es importante, y aunque no mejore el contenido, sí lo presenta de otra manera. Pensad en todas esas excelentes novelas de horribles ediciones, tipografía alevosa y portadas de juzgado de guardia…
Así pues, a partir de ahora los usuarios de Windows Live Spaces, los de Hotmail, los de Messenger, tengan o no un perfil habilitado, y cualquier persona que, simplemente, prefiera otro diseño más sencillo, pero accediendo a la vez a contenidos multimedia, vídeos, música, fotos (supongo que alguna cosilla colgaremos por ahí), se encontrará con una nueva versión de Alas de Albatros.
Me han preguntado ya si me compensa, y les he contestado que la versión Alas de Albatros Redux, por ejemplo, no me habrá reportado más de diez o doce nuevos lectores, más o menos asiduos. Y que así fueran menos, me seguiría compensando, porque la literatura es cuestión de contagios privados, no de pandemias.
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• Lo que sigue es para Zoe y cualquier otro visitante que le encuentre utilidad. Voy a tratar de explicar lo básico en cuanto a las marquesinas de texto móvil y no se me ocurre mejor manera de hacerlo que con unos ejemplos prácticos.

Los cuadros de texto en blanco son para copiar, tal cual, los códigos que una vez en la plantilla o la entrada de una bitácora producen esas marquesinas:


"Escribir es llenar el bosque de señuelos que nos salven de ser abatidos" Sergi Bellver.



"Escribir es llenar el bosque de señuelos que nos salven de ser abatidos"
Sergi Bellver.




"Escribir es llenar el bosque de señuelos que nos salven de ser abatidos" Sergi Bellver.



"Escribir es llenar el bosque de señuelos que nos salven de ser abatidos"
Sergi Bellver.




Como se ve, puede cambiarse el color de fondo, quitarlo, elegir la dirección y la velocidad del texto, así como el tipo de fuente, su color y algunos códigos en HTML para la letra cursiva, negrita, etc. La velocidad se regula con el valor asigando a "scrollDelay", y si elegimos la dirección "up" conviene hacer una marquesina más alta con "height". La anchura ("width"), se adecúa a la anchura del espacio donde estamos colgando la marquesina, por lo que un valor del "100%" la ocupará por entero, y uno del "70%", por ejemplo, la escorará a la izquierda, a no ser que "centremos" la marquesina. Los ejemplos de arriba son estrechos porque están en dos columnas (ese es un sistema "patentado" que ideé para esta bitácora, pensando sobre todo en publicar poemas en versión original y traducida, como hice con Beckett) y la que figura debajo del todo, que recomiendo leer... , es más ancha porque está colocada en el cuerpo normal de la entrada.
En fin, podéis hacer pruebas con vuestra página, en los borradores de las entradas, o la vista previa de las plantllas, por ejemplo. Espero haber resultado de utilidad.

Esta bitácora tiene vocación de literaria, y no quisiera marear a mis lectores con toda esta feria de datos, enlaces y letras danzarinas. Así que tómense esto como una excepción y disculpen las molestias. Este mensaje se autodestruirá en 5, 4, 3...