De oficio.
Apuntes previos: un blues en dueto de saxo y bajo, una partida de cartas, un sesgo de cólera y paso de mano con pareja de ases.
• Esta tarde la ciudad se quedará un poco más sola, y yo con ella, mientras legiones en desbandada se van coagulando a lo largo de las venas de asfalto del país. Trombosis excéntrica en pos de las orillas. Y ahora que las calles y yo podremos vernos las caras sin maquillaje, sin el tumulto, a las bibliotecas y las casas encendidas no se les ocurre otra cosa que cerrar. De modo que, salvo imprevistos, el albatros hará vacaciones forzadas y mantendrá el pico sellado (a lo mejor por eso hoy deja ración doble). Aprovecharé para quedar con un par de amigos, de los viejos y de los nuevos, pero todos de esa estirpe de camaradas indispensables que se quedan a tocar con la banda mientras el Titanic hace aguas. Adelantaré trabajo, seguiré buscándole una carga de profundidad a los tres cuentos que voy armando al tiempo (Bolaño tenía razón). Leeré mucho. Quizá me masturbe, hace tiempo que ya no me divierte, hace mucho que ya sólo me excitan alucinaciones lamentables de amor y entrega, en fin, milagrerías tan improbables como la causalidad, la magia y otras chiquilladas. He vuelto a ser, justo ahora que la edad demanda cinismo, un estúpido adolescente que delira con el advenimiento de alguna musa a la altura de sus atroces pasiones, a salvo del tedio general. Tal vez uno de estos días madrugue para evitar procesiones y otras inercias, y me deslice por las aceras, brillantes y agotadas por el sudor de la lluvia, como quien hurga entre las sábanas para saborear la espalda de una prostituta dormida, cuando sus párpados guardan el secreto de su verdadero nombre y por la candidez despreocupada de sus labios vuelve a respirar una mujer. Así, más o menos, pasaré mi santa semana: tirando folios a la papelera, tirándome de cabeza a una alberca de papeles, o besando la nuca desprevenida de Madrid, la más amable de las putas.
• Antes de cumplir con lo pendiente, ese correo del que hablaba el otro día, un guiño para algunos amigos de esta bitácora: un meme literario. Este es arbitrario e inasible a más no poder, pero no me paro a pensarlo demasiado, simplemente me hace gracia y acepto el testigo. Me lo hace llegar el Sr.Curri, desde su exilio voluntario en las galias. Tal como se lo han transmitido, se supone que hay que abrir el libro que estemos leyendo por la página 139 y transcribir en nuestra bitácora las cinco primeras líneas del segundo párrafo. Luego hay que invitar a tres "blogueros" más a continuar el juego, que a su vez invitarán a otros tres... hasta que llenemos la "blogosfera" de retales que, en el mejor de los casos, quiero pensar, llevarán a algún lector a decidirse por una nueva lectura (desengañémonos, eso es lo más útil que podemos hacer con nuestras iniciativas, contagiarle algún buen libro a otros).
¿Por qué la 139 y no otra? ¿Por qué el segundo párrafo? Misterios, pero cuando te decides a jugar no te preguntas tanto por las reglas. A propósito, o sin venir a cuento, me da igual, pero me hastía esta proliferación interminable de críticos de pacotilla, en los medios, en los suplementos, en las bitácoras, tanto da. Detesto a los cascarrabias que hacen leña de cualquier astilla, a toda esa panda de usureros con gorro de astracán o toga de chupatintas, que sancionan esto y aquello pero nunca se deciden a aportar nada de cosecha propia. Y lo que es peor, cuando asoman tímidamente la patita, espoleados por algunos colegas, achispados por la ebriedad que da esa poltrona que algún tendero haya considerado otorgarles, es para mancharnos la vista con una escritura tosca, ramplona y gratuita, que no deja tras de sí más que el rastro embarrado de una pezuña amaestrada. Puedes encontrarte a individuos de esa calaña en cualquier ámbito, en las aulas, las fábricas, los comercios, en cualquier oficina, siempre hay algún miserable dispuesto a fastidiarnos el día y hostigarnos las costillas con los codazos de su pedante gravedad, pero, ay, camaradas, qué insufrible es la plaga de sapos avaros en este mundillo de las letras. Hoy en día SÍ hay libros y bitácoras que valen la pena, SÍ hay iniciativas desinteresadas y fecundas, personas que, con mayor o menor acierto, pero con toda la honestidad, se exponen, arriesgan, apuestan... pero esta otra gente se ha caído de la higuera y el golpe en la cabeza les ha hecho creerse sabios, cuando su único mérito, tal vez, es haber hincado los codos y papado tantos higos como les diera abasto el buche, lo que no significa en absoluto haber sabido apreciar el jugo de la vida en cada fruto. En fin, esas malas hierbas (bien sabéis que la higuera es un árbol parásito que asfixia al huésped) son para otro día, cuando venga a desbrozar nuestro jardín.
Ahora sigamos con la partida. Espero que se animen y no robarle demasiado tiempo a los anfitriones de las tres bitácoras a las que (I'm sorry, my friends) cedo el testigo de este divertimento: Callecitas estrechas, El blog de Enrique Ortiz y Frag-mentos. Como es mi costumbre, estoy leyendo dos libros al alimón, así que me tomo la libertad de hacer dos transcripciones. En el primer caso, el segundo párrafo no aparece hasta la página siguiente, no sé si eso será fuera de juego, pero como los jueces de línea, interpretaremos la jugada:
Se diría que uno y otro se confabularon para recordarme el cinismo en el que deberían estar instaladas mis expectativas, o la ausencia de las mismas, pero la obstinación es uno de mis peores defectos. Prefiero la sed y la espera a hundir la cabeza en el agua estancada del conformismo. Así me va.
• Y ahora, por fin, lo prometido, lo que debería haber sido esta entrada:
De oficio.
Deberían existir las musas de oficio, para la defensa de cualquier acusado de lirismo y otras perversiones que se declare insolvente. Debería uno poder enfrentarse a la noche sabiendo que en alguna parte, provista de material poético y ataviada con la preceptiva bata blanca para la intervención erótica, una musa de guardia vela las veinticinco horas del día.
Remito a la entrada anterior para que todo esto resulte mínimamente inteligible. Pero digamos de nuevo que estoy escribiendo muchas cosas a la vez, y que de repente me acordé de este correo electrónico, mientras preparaba un par de textos para retomar la sección Musas y trataba de responder a la pregunta de un amigo sobre el tema. El apartado de Maestros lo tengo muy abandonado, tal vez por estar leyendo a gente nueva, buscando, indagando, sondeando el presente. Como es de recibo, respetaré la privacidad de la remitente (espero que no le importe que haya utilizado su breve mensaje para dar sentido a mi desvarío). De nuevo he decidido dejarlo todo como estaba, con sus erratas, que tienen su gracia, ya que donde dice "semejan hacer", por ejemplo, quise escribir "se dejan hacer", pero, por una vez, el corrector del Word o el lapsus mejoraron la cosa.
Pasadlo bien. A la vuelta os quiero a todos en perfecto estado de revista.
• Esta tarde la ciudad se quedará un poco más sola, y yo con ella, mientras legiones en desbandada se van coagulando a lo largo de las venas de asfalto del país. Trombosis excéntrica en pos de las orillas. Y ahora que las calles y yo podremos vernos las caras sin maquillaje, sin el tumulto, a las bibliotecas y las casas encendidas no se les ocurre otra cosa que cerrar. De modo que, salvo imprevistos, el albatros hará vacaciones forzadas y mantendrá el pico sellado (a lo mejor por eso hoy deja ración doble). Aprovecharé para quedar con un par de amigos, de los viejos y de los nuevos, pero todos de esa estirpe de camaradas indispensables que se quedan a tocar con la banda mientras el Titanic hace aguas. Adelantaré trabajo, seguiré buscándole una carga de profundidad a los tres cuentos que voy armando al tiempo (Bolaño tenía razón). Leeré mucho. Quizá me masturbe, hace tiempo que ya no me divierte, hace mucho que ya sólo me excitan alucinaciones lamentables de amor y entrega, en fin, milagrerías tan improbables como la causalidad, la magia y otras chiquilladas. He vuelto a ser, justo ahora que la edad demanda cinismo, un estúpido adolescente que delira con el advenimiento de alguna musa a la altura de sus atroces pasiones, a salvo del tedio general. Tal vez uno de estos días madrugue para evitar procesiones y otras inercias, y me deslice por las aceras, brillantes y agotadas por el sudor de la lluvia, como quien hurga entre las sábanas para saborear la espalda de una prostituta dormida, cuando sus párpados guardan el secreto de su verdadero nombre y por la candidez despreocupada de sus labios vuelve a respirar una mujer. Así, más o menos, pasaré mi santa semana: tirando folios a la papelera, tirándome de cabeza a una alberca de papeles, o besando la nuca desprevenida de Madrid, la más amable de las putas.
• Antes de cumplir con lo pendiente, ese correo del que hablaba el otro día, un guiño para algunos amigos de esta bitácora: un meme literario. Este es arbitrario e inasible a más no poder, pero no me paro a pensarlo demasiado, simplemente me hace gracia y acepto el testigo. Me lo hace llegar el Sr.Curri, desde su exilio voluntario en las galias. Tal como se lo han transmitido, se supone que hay que abrir el libro que estemos leyendo por la página 139 y transcribir en nuestra bitácora las cinco primeras líneas del segundo párrafo. Luego hay que invitar a tres "blogueros" más a continuar el juego, que a su vez invitarán a otros tres... hasta que llenemos la "blogosfera" de retales que, en el mejor de los casos, quiero pensar, llevarán a algún lector a decidirse por una nueva lectura (desengañémonos, eso es lo más útil que podemos hacer con nuestras iniciativas, contagiarle algún buen libro a otros).
¿Por qué la 139 y no otra? ¿Por qué el segundo párrafo? Misterios, pero cuando te decides a jugar no te preguntas tanto por las reglas. A propósito, o sin venir a cuento, me da igual, pero me hastía esta proliferación interminable de críticos de pacotilla, en los medios, en los suplementos, en las bitácoras, tanto da. Detesto a los cascarrabias que hacen leña de cualquier astilla, a toda esa panda de usureros con gorro de astracán o toga de chupatintas, que sancionan esto y aquello pero nunca se deciden a aportar nada de cosecha propia. Y lo que es peor, cuando asoman tímidamente la patita, espoleados por algunos colegas, achispados por la ebriedad que da esa poltrona que algún tendero haya considerado otorgarles, es para mancharnos la vista con una escritura tosca, ramplona y gratuita, que no deja tras de sí más que el rastro embarrado de una pezuña amaestrada. Puedes encontrarte a individuos de esa calaña en cualquier ámbito, en las aulas, las fábricas, los comercios, en cualquier oficina, siempre hay algún miserable dispuesto a fastidiarnos el día y hostigarnos las costillas con los codazos de su pedante gravedad, pero, ay, camaradas, qué insufrible es la plaga de sapos avaros en este mundillo de las letras. Hoy en día SÍ hay libros y bitácoras que valen la pena, SÍ hay iniciativas desinteresadas y fecundas, personas que, con mayor o menor acierto, pero con toda la honestidad, se exponen, arriesgan, apuestan... pero esta otra gente se ha caído de la higuera y el golpe en la cabeza les ha hecho creerse sabios, cuando su único mérito, tal vez, es haber hincado los codos y papado tantos higos como les diera abasto el buche, lo que no significa en absoluto haber sabido apreciar el jugo de la vida en cada fruto. En fin, esas malas hierbas (bien sabéis que la higuera es un árbol parásito que asfixia al huésped) son para otro día, cuando venga a desbrozar nuestro jardín.
Ahora sigamos con la partida. Espero que se animen y no robarle demasiado tiempo a los anfitriones de las tres bitácoras a las que (I'm sorry, my friends) cedo el testigo de este divertimento: Callecitas estrechas, El blog de Enrique Ortiz y Frag-mentos. Como es mi costumbre, estoy leyendo dos libros al alimón, así que me tomo la libertad de hacer dos transcripciones. En el primer caso, el segundo párrafo no aparece hasta la página siguiente, no sé si eso será fuera de juego, pero como los jueces de línea, interpretaremos la jugada:
"De pequeño, cuando me preguntaban: "Y tú, guapo, ¿qué quieres ser cuando seas mayor?", contestaba: "Depravado". Y he dedicado todos los esfuerzos de mi vida a intentar conseguirlo. A mi generación (más bien tendríamos que llamarla degeneración: hemos sido una generación afortunadamente degenerada) le..."Ochenta y seis cuentos, Quim Monzó.
"-No, muchas gracias. Para mí una mujer es sólo un mamífero inofensivo, o un camarada de diversión..., a veces.
Albinus soltó una carcajada.
-Bueno... pues ya que es usted tan franco al respecto, permítame que a mi vez le confiese algo. Esa actriz, Karenina..."Risa en la oscuridad, Vladimir Nabokov.
Se diría que uno y otro se confabularon para recordarme el cinismo en el que deberían estar instaladas mis expectativas, o la ausencia de las mismas, pero la obstinación es uno de mis peores defectos. Prefiero la sed y la espera a hundir la cabeza en el agua estancada del conformismo. Así me va.
• Y ahora, por fin, lo prometido, lo que debería haber sido esta entrada:
"Una mujer es más bella que el mundo en que vivo".
Paul Éluard.
Paul Éluard.
Deberían existir las musas de oficio, para la defensa de cualquier acusado de lirismo y otras perversiones que se declare insolvente. Debería uno poder enfrentarse a la noche sabiendo que en alguna parte, provista de material poético y ataviada con la preceptiva bata blanca para la intervención erótica, una musa de guardia vela las veinticinco horas del día.
Remito a la entrada anterior para que todo esto resulte mínimamente inteligible. Pero digamos de nuevo que estoy escribiendo muchas cosas a la vez, y que de repente me acordé de este correo electrónico, mientras preparaba un par de textos para retomar la sección Musas y trataba de responder a la pregunta de un amigo sobre el tema. El apartado de Maestros lo tengo muy abandonado, tal vez por estar leyendo a gente nueva, buscando, indagando, sondeando el presente. Como es de recibo, respetaré la privacidad de la remitente (espero que no le importe que haya utilizado su breve mensaje para dar sentido a mi desvarío). De nuevo he decidido dejarlo todo como estaba, con sus erratas, que tienen su gracia, ya que donde dice "semejan hacer", por ejemplo, quise escribir "se dejan hacer", pero, por una vez, el corrector del Word o el lapsus mejoraron la cosa.
Pasadlo bien. A la vuelta os quiero a todos en perfecto estado de revista.
Fecha: De: Asunto: Para: | Mon, 26 Feb 2007 16:22:17 +01 00 (CET) "Sergi Bellver" alasdealbatros@yahoo.es RE: Musa *****@hotmail.com |
>From: ***** <*****@hotmail.com> >To: alasdealbatros@yahoo.es >Subject: Musa >Date: Thu, 22 Feb 2007 11:22:17 +0100 (CET) > >Yo puedo ser tu musa venezolana, hace días leí >que había quien pagaba por una novia virtual, pues, >fíjate, no había pensado que también había nicho >para musas virtuales... >Vivo en Madrid donde ser musa resulta demodé, pero >de vez en cuando entro en personake y lo sigo >disfrutando como cuando el sol del caribe me >quemaba los hombros. >También estoy muy lejos del mar, por ahora, >un abrazo, ***** >______________________________________________ >LLama Gratis a cualquier PC del Mundo. >Llamadas a fijos y móviles desde 1 céntimo por minuto. >http://es.voice.yahoo.com Difícil tarea... Ante todo, *****, agradecerte el impulso. Que haya gente capaz aún de ser fiel a su primer arranque y no lo ahogue en dudas, me reconforta. De vez en cuando sucede, y te encuentras con las mayores sorpresas en la bandeja de entrada, y de repente, por ejemplo, te escriben de parte de un señor mayor que quiere regalarte un ordenador porque sabe que te hace falta y no tienes recursos, y se ha enterado de que proyectas una novela y le gusta cómo escribes... sí, a veces (de esto ya hace un tiempo) la vida te zarandea y te dice que todo es posible. Así que gracias por la frescura de tu mensaje. Pero lo de ser musa no es cualquier cosa, he de ser sincero contigo. Para empezar, no es nada frecuente decidirlo, quiero decir, que una musa no hace oposiciones, simplemente llega un bardo chiflado y la elige, y ni siquiera esto es del todo cierto, porque la elección es aparente. Digamos que todo sucede sin intervención de la voluntad. Las musas caminan por las aceras, suspiran cansancio en los vagones, sujetan la puerta del ascensor con el culo mientras desalojan las bolsas de la compra, o flotan entre los árboles del parque. Sin más. A menudo sin saber que lo son. Y de pronto se cruzan en el camino de un artista y el accidente es ya inevitable. Eso sí, hay musas que colaboran, que cobran conciencia de su condición, y escuchan, y semejan hacer. Y otras, a menudo, ignoran la llamarada y se la quitan de encima con cualquier gesto huraño. Es un misterio. Yo nunca he elegido una musa, sólo me las he encontrado por el camino, y casi siempre de la manera más insospechada. A veces se produjo el entendimiento, hablamos el mismo idioma, y pude volcar mi inspiración ante sus pies. Otras muchas llovió sobre la piedra estéril de su indiferencia. Así son las cosas. Dicho todo esto, con el ánimo de ser honesto contigo, agradezco tu sensibilidad por pensar siquiera que mis letras merecen la atención. En cuanto a la posibilidad que sugieres, te diré que una vez, hace cuatro años, encontré una musa de Puerto Ordaz, en tu país. Fue un fogonazo del que aún duran los destellos, aunque con el tiempo se haya convertido en una amistad leal, en una presencia constante en el afecto. Lo inaudito. Empieza uno por el tejado y acaba obviando esa fantasía para disfrutar de algo más real y humano, más necesario para el hombre mortal: una amiga. Pero la pequeña chispa de lo inmortal que aún nos habita, y que supongo que en los artistas (¿lo soy? aún no estoy seguro) es una pavesa que jamás toca el suelo, que siempre gira y gira en el aire para que la persigas, sigue pidiendo el alimento no terrenal de una musa. Por eso contesto así, encendido y reflexivo a la vez, porque una musa, definitivamente, es algo bien caro de encontrar, una rareza maravillosa que siempre le da alas al poeta, y campo abierto al deseo. No puedo definir cómo es mi musa ideal, porque todas las que aparecieron (pocas) antes eran en muchas cosas diferentes, y en algunos matices la repetición del mismo deslumbramiento, como olas del mismo mar que aparecen de un color u otro según la luz del día. Sólo sé que no eran comunes, que aunque no fueran perfectas, aunque pasaran desapercibidas en algún momento, no eran en absoluto comunes. Había mucho más que belleza (y la había por doquier, esto es innegociable) en sus formas y sus gestos, en el reflejo de la vida sobre sus dunas, en la llama de lo imperecedero en el fondo de sus ojos. Había, sobre todo, una mirada atenta y una actitud desinteresada, generosa, en su manera de escuchar. Para la amistad soy un tipo tolerante y sencillo, y todos mis amigos son diversos, opuestos en apariencia a veces, de toda índole y condición, de cualquier tribu, descalzos o distinguidos. Sólo tienen en común la sinceridad, la generosidad, y la inteligencia. A una musa le pido más aún, demasiado tal vez, pero, belleza aparte, también esas tres virtudes. Incluso algún pecado inconfesable que la haga más oscura y peligrosa, si hace falta. Una santa me sirve de bien poco, y además no me la creo. De modo que no es fácil encontrar una musa. Si uno se conformara con cualquiera, no harían falta musas, podría inspirarse en cualquier cosa, en cualquier persona, en tu amigo, en tu vecino, en el gato de la anciana del quinto. Y de hecho, trato de hacerlo, porque no puedo pasarme la vida esperando a mi musa, y la sed me reclama siempre que escriba. Estar lejos del mar, estimada desconocida, es sin duda un exilio amargo para los que hemos nacido con su sal en las venas. Un abrazo muy fuerte. Sergi. Pd: ¿Querías decir “personaje” o hay algún local en la ciudad que se llama “personake” y yo me lo he perdido...? Por un momento parecía una invitación soslayada a hacerse el encontradizo por cualquier bar... |









